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"¿De dónde vine?"
Los chicos preguntan sobre sexualidad

A partir de los dos años y medio o tres, los chicos comienzan a expresar su curiosidad por distintos temas. Aquellos relacionados con la sexualidad siguen generando en los padres cierta angustia, por lo que muchos -aún hoy- optan por responder que "de eso no se habla". Sin embargo, de eso sí hay que hablar, y con la verdad, pero con cuidado. Pero, ¿cómo hacerlo?

"¿Cómo vine?", "¿por dónde entré?", "¿por dónde salí?" Los chicos siempre nos sorprenden. Y a menudo lo hacen a través de preguntas inquietantes que nos dejan sin palabras, especialmente cuando están vinculadas con la sexualidad.
Son numerosas las consultas acerca de cuál es la respuesta más indicada para estos chiquitos que quieren saber cómo llegaron al mundo, o que expresan la misma curiosidad referida al hermanito que acaba de nacer. Y son muchos los papás que optan, como una salida fácil, por dar respuestas del tipo "eso no se pregunta", "de eso no se habla" o "todavía sos muy chiquito para preguntar esas cosas". Otros, todavía apelan a la antigua figura de la cigüeña que llega de París o a los vetustos repollos. Tanto una como los otros históricamente han sido causantes de grandes desilusiones y nada aportan a la interrelación familiar ni a la aceptación de la sexualidad como fuente de vida y placer.

Uno de los primeros interrogantes de los chicos -y cuya respuesta aún hoy incomoda a los papás- se relaciona con la manera en que llegaron al mundo, cómo se formaron y por qué.

A la hora de tener que responder los interrogantes de los chicos, es fundamental tener presente que somos seres sexuados, desde que nacemos hasta que morimos.

Por qué preguntan
Que los chicos sientan inquietud por conocer su origen es algo natural y no nos vamos a detener en este punto, ya que lo que nos ocupa es qué y cómo responderles.
Hay que tener en cuenta que muchos niños conviven desde pequeños con animales domésticos y tienen ocasión de observar sus actos sexuales, sus embarazos, sus partos y, a veces, hasta su muerte. Estos chicos tienen, entonces, una vivencia diferente, por lo que, desde muy temprana edad, relacionan la sexualidad con la reproducción.
Otras veces, los chicos conocen estos temas porque los hablaron en el jardín, en la escuela, con algún amiguito o, simplemente, vieron algo en la televisión. Entonces, lo que necesitan es reconfirmar estos datos preguntándoles a sus papás.
Recordemos, por otra parte, que los niños se animan a preguntar si encuentran cabida para plantear sus dudas. Por eso, es imprescindible revisar la calidad del vínculo padres-hijos, ya que al hacer estas preguntas están expresando, por ejemplo, "Te quiero y te respeto". Por esa razón, debemos responder con la verdad, y nada más que con la verdad.

Cada niño, un mundo
Si bien es fundamental decirles la verdad, existen algunos conceptos generales por los que debemos regirnos frente a las preguntas de los chicos que tantas veces provocan "angustia". Por ejemplo, es preciso contestar de acuerdo con la edad y las características del chiquito que interroga. Cada niño es diferente y merece una respuesta acorde con su personalidad.
Como conocemos a nuestros hijos, es importante, cuando pregunten, no decirles más de lo que pueden procesar. También, es conveniente repreguntar para precisar qué es exactamente lo que quieren saber. De esta manera, podremos orientar la respuesta adecuada para la pregunta formulada y así responder lo justo y verdadero. No hay que olvidar que muchas veces las preguntas tienen una dimensión mucho más pequeña de lo que los adultos imaginamos.
Algunas repreguntas que pueden servir como ejemplo son: "¿Y a vos qué te parece?" , "¿por qué lo preguntas?", o "¿vos que creés?"

Mami, ¿de dónde vine?
En cualquier momento, a partir de los dos años y medio o tres, es probable que los chiquitos nos sorprendan con esta pregunta. ¿Qué responderles? Sencillamente "estabas dentro de la panza". Pero claro, si continúan preguntando sobre el tema, lo conveniente será informarles que, al principio, fue un huevito muy pequeño que creció y creció para llegar a estar luego con los papás.

¿Cómo entré?
Más adelante, es común que el chiquito pregunte cómo entró en la panza de mamá. Es probable que a esta altura el niño esté en una etapa en la que ya habrá diferenciado los sexos y visto los genitales de uno y otro (en el jardín o porque tiene hermanitos). Es el momento, entonces, de repreguntar. Eso sí, muy despacito y con mucho tacto, para conocer los alcances de la pregunta. Además, conviene repasar lo hablado anteriormente, recordar que el papá tiene pene y la mamá, vagina. Y recién, a partir de ese punto, avanzar.
Lo aconsejable es explicarles que las mujeres y los varones son diferentes y que, cuando sus cuerpos se juntan (mostrarles cómo lo hacen mediante un dibujito), el pene de papá entra en la vagina de mamá. Así, mientras están muy abrazados y muy juntos, el papá deposita en la vagina de la mamá un líquido blanco con pequeñas "células" o "semillitas".

¿Cómo salí?
Las semillitas de papá se juntan con otras que tiene mamá y, a veces, se forma ese huevito pequeño que crece en la panza de mamá, hasta que un día sale hacia fuera. ¿Por dónde sale? También por la vagina, que se hace grande para permitir el paso del guagua.
De este modo, el niño tendrá un panorama acerca de cómo se formó y cómo llegó a este mundo.
Más adelante, alrededor de los 6 a 8 años, los chicos están en condiciones de comprender qué es la fecundación propiamente dicha, cómo crece el guagua en la panza y cómo se alimenta a través de la placenta.

No es necesario usar palabras científicas para nombrar las partes del cuerpo -vagina, pene, útero, espermatozoides, óvulos, por citar algunos ejemplos-. Lo importante es que, con nuestras propias palabras, logremos transmitirles la maravilla de la creación tal cual es. Eso es lo que va a enriquecer la educación del pequeño para que luego, en la vida adulta, pueda disfrutar una sexualidad sana, placentera y responsable.

Libritos y dibujos
Los materiales didácticos, como los libros, sobre todo aquellos con ilustraciones alusivas, sirven de apoyo y ayudan a elaborar las respuestas.
Existen publicaciones de muy buena calidad en cuanto a su contenido, aunque nunca reemplazan a las palabras de los papás. Ellos siempre podrán sumar otros recursos, como la ternura, el cariño y la dulzura, que ciertamente enriquecerá cualquier narración. Además, es conveniente que la pareja acuerde ciertas reglas para responder a sus hijos sobre este tema.

Lleva tiempo escuchar a un niño y contarle, con nuestras palabras, todo acerca de esta relación de amor. Pero la retribución que se obtiene es la mejor que puede esperarse de la relación hijos-papás: la confianza.

Inocencia interrumpida
Cuando las mamás o las parejas me consultan acerca de la mejor manera de responder a sus hijos, se los interroga sobre la presencia, en el seno familiar, de terceras personas como por ejemplo parientes o niñeras. ¿Por qué? Porque es frecuente que los chicos que pasan muchas horas del día con su niñera, sus abuelos o sus tías, acudan a ellos para satisfacer estas inquietudes.
Sucede a menudo, aunque no siempre, que estos terceros que participan del cuidado del chiquito consideran que responderles con la verdad atentará contra la inocencia propia de la edad. Si en la familia hay alguien con estas ideas, lo más conveniente sería pedirle que no las aplique con nuestros hijos, ya que la verdad nunca es nociva y mucho menos para los niños. Recordemos que las respuestas que damos a nuestros hijos están condicionadas por la formación e información que nosotros mismos hemos recibido. Por eso, es importante revisarlas con cuidado y asesorarse debidamente. Responder con la verdad es una manera de poner cada cosa en su lugar, y para un niño que está creciendo, el orden externo contribuye a su organización interna.

¿Y si lo hablamos en casa?
Las preguntas de los chicos, además de inquietantes, pueden resultar inoportunas. Por ejemplo, cuando su curiosidad no puede esperar y la expresan en medio de una reunión con parientes o amigos, o mientras recorremos las góndolas del supermercado lleno de gente. ¿Qué hacer en estos casos? Lo mejor será tomar nota de la pregunta y proponerle, con la atención que merece, conversar sobre el tema más tarde, cuando estén en casa o cuando no haya visitas. De esta forma, el chico irá aprendiendo también que estos temas requieren de privacidad, y de esa manera observará que, aunque la respuesta fue postergada, su pregunta fue abordada en un diálogo sereno, claro y responsable por parte de los papás.

Los que no preguntan
Otra preocupación frecuente de los padres suelen ser los chicos que, al contrario de los "preguntones", no plantean ninguna inquietud.
El hecho de que el niño no pregunte resulta llamativo. En ese caso, habrá que analizar qué otras cosas no pregunta y cuestionarse si en el hogar suele presenciar manifestaciones relacionadas con la sexualidad, si le mostramos escenas de cariño, de ternura, besos, caricias, y si somos abiertos al diálogo en general. Además, también debemos observar si reservamos, cotidianamente, algún tiempo para su atención.
Y lo que nunca debemos olvidar es que siempre estamos a tiempo de mejorar y cambiar actitudes. No se ensaya para ser padres. Se aprende de a poco...

Ante una pregunta "difícil" debemos:
- Contestar con lo justo y verdadero.
- No ir más allá de lo que el chico puede procesar.
- Repreguntar (por ejemplo, "¿por qué lo preguntás?", "¿a vos qué te parece?")
- Recordar que cada niño es diferente y merece una respuesta acorde con su personalidad.
- La verdad nunca es nociva y mucho menos para los chicos.
- No es conveniente que sean terceros (abuelos, tías, niñeras) quienes se hagan cargo de responder a nuestros hijos.
- Libros y dibujitos pueden servir de ayuda a la hora de responder.
- Cuando los chicos preguntan, en cierto modo nos están diciendo "te quiero y te respeto".
- La confianza es la mejor retribución en la relación con nuestros hijos.
- El objetivo de cada respuesta es ayudar a vivir una sexualidad sana, placentera y responsable.
- Nunca diga "eso no se pregunta".

Mentiras que confunden
Algunos padres, ante las preguntas "difíciles" de sus hijos, creen que una buena salida es contestarles con una mentira. Sobre este tema, recordemos una anécdota narrada por el escritor Adolfo Bioy Casares que, humor al margen, no hace más que demostrar que la mentira sólo genera mayor confusión, sobre todo cuando se trata de hablar con los niños.
Decía el gran Bioy que siendo niño les preguntó a sus padres qué quería decir "fornicar". Ellos le respondieron que significaba "decir malas palabras". Entonces, cuando tuvo que confesarse para la primera comunión, le dijo al cura que él fornicaba de vez en cuando. El sacerdote, sorprendido porque la confesión venía de un niño, le preguntó si lo hacía con hombres o con mujeres. Como en aquellos tiempos decir malas palabras frente a una mujer era considerado una terrible grosería, el niño Bioy respondió, orgulloso, que lo hacía "con hombres, padre, sólo con hombres".

Lic. Beatriz Mordoh
Obst. y Especialista en Educación Sexual
©Ahora Mamá S.A. - Grupo de Revistas La Nación

 

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